Depresión, sentido de vida y una generación que quiere respuestas inmediatas
Detrás de una vida “normal” puede esconderse un vacío devastador. Entender la salud mental exige mirar más allá de lo evidente, allí donde la depresión no hace ruido pero paraliza. Hace poco conversamos con un experto en psicología sobre los detonantes de la ansiedad, las autolesiones y el aislamiento, lo importante aquí es reconocer el quiebre mental y pedir ayuda a tiempo.
Hay una idea bastante estigmatizada sobre la depresión: imaginamos a una persona triste, aislada, sin ganas de levantarse de la cama y, quizá, incapaz de continuar con su vida cotidiana.
El problema es que la salud mental no siempre se presenta de manera evidente.
Durante la entrevista el maestro de psicología Francisco Javier puso sobre la mesa que la depresión no puede entenderse únicamente como tristeza y, desde su perspectiva, hay otro elemento que merece mucha más atención: el sentido que una persona encuentra en su propia existencia.
La pregunta, entonces, deja de ser solamente “¿por qué está triste?” y comienza a transformarse en otra mucho más difícil:
¿Una persona tiene que estar triste para llegar a pensar en el suicidio?
A lo que su respuesta fue no.
Explica que existe un grupo de personas con depresión que puede experimentar pensamientos suicidas, pero también habla de personas que aparentemente llevan una vida rutinaria y que, de manera inesperada para quienes las rodean, llegan a tomar la decisión.
Eso deja una dificultad enorme para familiares y amigos.
La depresión no siempre tiene la cara que imaginamos
Existe una asociación casi automática entre depresión y tristeza.
Francisco Javier cuestiona precisamente esa idea. Hablar de depresión implica hablar de un fenómeno mucho más complejo que simplemente sentirse mal durante unos días.
“Una persona puede estar atravesando un problema emocional y quienes la rodean no lograrán detectarlo inmediatamente o si es el caso, nunca, incluso puede suceder que alguien que aparentemente lleva una vida normal experimente pensamientos suicidas sin que su entorno comprenda lo que está ocurriendo.”
El maestro explica que, dentro de las personas con depresión, existe un porcentaje que llega a experimentar pensamientos relacionados con el suicidio. Al mismo tiempo, señala que también existen casos en los que la familia se sorprende porque nunca había identificado señales evidentes.
Eso hace que una de las ideas más peligrosas sea pensar:
“Pero si se veía bien”.
Verse bien no significa estar bien.
Y esta diferencia importa porque muchas veces esperamos que una crisis emocional tenga una apariencia determinada para tomarla en serio.
Esperamos lágrimas, aislamiento, que la persona deje de trabajar, de estudiar o de salir.
¿Se puede tener una vida aparentemente perfecta y sentirse vacío?
“Hay una escena que se repite en distintas épocas y contextos: alguien consigue aquello que supuestamente debería hacerlo feliz y, cuando finalmente lo obtiene, descubre que no se siente como había imaginado” comentó.
El maestro relaciona esta situación con una discusión histórica sobre la insatisfacción de algunas mujeres estadounidenses durante las décadas de 1950 y 1960, en el contexto de los debates que posteriormente alimentarían al movimiento feminista.
La imagen era contradictoria.
Una mujer podía tener una casa, un esposo, hijos, estabilidad económica y comodidades materiales.
Y, sin embargo, podría preguntarse:
“¿Esto es todo?”
La pregunta resulta incómoda porque rompe una de las promesas más populares de nuestra sociedad: si consigues determinadas cosas, automáticamente serás feliz.
Pero la experiencia humana no funciona necesariamente así.
El dinero puede resolver problemas económicos, una casa puede proporcionar seguridad.
Pero ninguna de esas cosas, por sí sola, responde necesariamente a una pregunta mucho más profunda:
¿Qué hace que mi vida tenga sentido para mí?
Desde la perspectiva expuesta durante la entrevista, la ausencia de metas, entusiasmo, identidad o propósito puede convertirse en un terreno especialmente difícil para una persona que atraviesa depresión.
Porque incluso conseguir lo que se supone que debemos querer puede dejar un vacío si nunca nos preguntamos qué queríamos realmente.
El problema de vivir sin algo por lo que luchar
Durante mucho tiempo, las personas construyeron su vida alrededor de proyectos que podían tardar años en completarse.
- Estudiar.
- Conseguir un trabajo.
- Construir una familia.
- Comprar una casa.
- Crear un patrimonio.
- Ahorrar.
Esperar, construir.
Y, sobre todo, tener paciencia.
Hoy esa relación con el tiempo parece haberse complicado.
Francisco Javier, maestro de psicología habla de que la generación de ahora está acostumbrada a la gratificación inmediata: tocar una pantalla y recibir contenido; deslizar el dedo y encontrar otro video; hacer clic y obtener una respuesta; pedir algo y recibirlo rápidamente.
El scrolling es quizá uno de los ejemplos más cotidianos.
“Un video termina y aparece otro, una publicación termina y aparece otra.
El estímulo prácticamente nunca se acaba, pero la vida real no funciona así. Una carrera universitaria puede tardar años. Aprender una profesión requiere práctica. Escribir un libro puede llevar meses o incluso décadas. Crear algo propio requiere equivocarse. Y muchas veces, simplemente, esperar”.
Existe una relación con una disminución de la tolerancia a la frustración que, desde su perspectiva, caracteriza a parte de las generaciones actuales.
No significa que toda una generación esté condenada a la frustración ni que la tecnología sea responsable de todos los problemas de salud mental.
El punto es otro.
Aprender a tolerar que algunas cosas toman tiempo también forma parte de la vida.
La vida, para bien o para mal, no tiene botón de “saltar introducción”.
Si tú o alguien cercano está en riesgo
Si existe peligro inmediato de suicidio, autolesión o daño hacia otra persona, busca ayuda de emergencia y no dejes sola a la persona en riesgo. En México, puedes llamar al 911 o acudir a un servicio de urgencias.
Hablar de suicidio de manera directa no “provoca” que alguien se suicide. Lo importante es escuchar sin juzgar, tomar la situación en serio y facilitar el contacto con profesionales capacitados.
Este artículo tiene fines informativos y no sustituye una evaluación psicológica o psiquiátrica.