Tras la fachada de perfiles perfectos y estilos de vida ideales, una gran cantidad de jóvenes lidia a diario con el aislamiento, la ansiedad, la depresión y las secuelas imborrables del acoso escolar. Poner en palabras el dolor interno no es una tarea sencilla; el entorno minimiza el sufrimiento juvenil o asume que el silencio equivale a bienestar, llevando a muchos a pozos emocionales profundos de los que sienten no poder salir. En este contexto, la empatía, la escucha activa y la contención comunitaria.

Ver al otro sin máscaras ni etiquetas
Al profundizar sobre el núcleo que impulsa su propuesta literaria, Sequera subraya la urgencia de rescatar la mirada auténtica y la comprensión mutua entre las personas, alejándonos de los prejuicios cotidianos:
«Quiero que el lector se identifique totalmente con la protagonista desde el principio… que no la vea solo como una persona resistente, sino que vea mucho más allá: es alguien que tiene una historia, que va más allá de lo superficial. Quiero que nos veamos a los ojos, que seamos espejos. Quitar el qué dirán, por qué actúa de tal forma… comprender que si actúa así es porque algo le pasó. Eso hace que seamos más empáticos: yo te miro a los ojos, te comprendo y me pongo en tus zapatos. Eso es lo que el mundo necesita ahora».
Para la autora, este ejercicio de acompañar sin juzgar y de colocar el amor y la compasión como bandera no es una tarea exclusiva de la juventud, sino un llamado apremiante para la sociedad en su conjunto.
El estereotipo del acoso: por qué el bullying no discrimina
Durante la entrevista, se abordó un paradigma sumamente extendido en las aulas y círculos sociales: la falsa creencia de que el acoso o los juicios estéticos se dirigen únicamente hacia ciertas características físicas específicas o grupos vulnerables. Sequera enfatiza que la crueldad y la presión social afectan por igual, sin importar la apariencia, la inteligencia o el estatus:

«Hay mucha gente que piensa que el bullying es solo para las personas que tienen sobrepeso, y es mentira. Existe acoso por ser muy delgada, por clase social, por ser la más inteligente o la más bonita. Las personas pueden burlarse de tu cuerpo sin importar cómo seas. A veces te dicen: ‘Tú eres delgada, tienes la vida más fácil’, pero nadie conoce la realidad del otro ni está en sus zapatos».
A través de la ficción y de las vivencias de sus personajes, la autora busca reflejar estas fluctuaciones emocionales para que el lector comprenda que no está solo en sus inseguridades.
De la soledad al acompañamiento: romper el silencio
Al reflexionar sobre si el mundo actual juzga con mayor crueldad, Sequera señala que, si bien existen dinámicas difíciles, el problema principal radica en la profunda soledad en la que se encuentran muchos adolescentes dentro de su propio entorno:
«Los jóvenes están viviendo situaciones muy difíciles y no saben cómo poner en palabras lo que sienten. Piensan que lo que les pasa es algo tonto y no deberían hablarlo. Cuando estás sufriendo por dentro, ponerlo en palabras cuesta muchísimo. Por eso muchos preguntan ‘¿por qué no lo dijo?’, sin entender lo difícil que es expresarlo».
No obstante, la escritora resalta el poder de las redes de apoyo cuando logran activarse a tiempo. Compartir el testimonio de una joven que pudo salvar la vida de una amiga al comunicar lo que sucedía a sus maestros y orientadores demuestra que, cuando la comunidad se une, es posible transformar el dolor en fortaleza y rescatar a alguien del abismo.
La escritura como disciplina y refugio de sanación
Finalmente, al abordar el proceso creativo detrás de una obra enfocada en la salud mental y la prevención del suicidio, Sequera desmitifica la visión romantizada del escritor y enfatiza la necesidad de disciplina, investigación y autenticidad:
«El trabajo del escritor es muy solitario; estamos solos con nuestra historia y debemos darnos nuestra propia disciplina. Si tienes una idea grande, bájala a la tierra, investiga y dale sustancia. Cada autor tiene su propia voz y su propio estilo; nadie va a contar la historia de la misma forma en que la cuentas tú».
Con esta perspectiva, la autora reafirma que los libros van más allá del entretenimiento: son herramientas capaces de brindar contención, ofrecer un abrazo silencioso y salvar vidas en los momentos de mayor oscuridad.